Nació con un síndrome que deforma su cara, ahora mira lo que hace por niños que sufren lo mismo es increíble


El síndrome de Treacher Collins es una enfermedad genetica que se da en 1 de cada 50.000 nacimientos. Se trata de una afección que provoca deformidades cráneo-faciales, como la falta de pómulos.

Esta malformación se puede dar de forma genética o espontánea y genera en quien lo sufre muchas inseguridades.

Ese fue el caso de Jono Lancaster, un joven londinense que nació con este síndrome y a quien le llevó 20 años aceptar su apariencia. Pero una vez lo superó, no sólo se limitó a vivir una nueva vida plena, sino que volcó todo su esfuerzo en ayudar a otros niños que están pasando por lo mismo que sufrió él.

El síndrome de Treacher Collins genera muchos problemas de autoestima en quien los sufre. Jono dice que cuando era niño se sentía muy solo, por eso decidió viajar por todo el mundo para tratar de enseñar a otros niños a quererse a sí mismos.
 A través de su Facebook va narrando sus encuentros con niños con este síndrome de todo el mundo.



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Jono viajó a países como México, donde fue recibido por niños con el síndrome de Treacher Collins.



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Compartió su tiempo con ellos para enseñarles a luchar contra esta enfermedad y a sentirse más seguros de sí mismos.



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Cuenta que el deseo de emprender estos viajes por todo el mundo en busca de niños con este síndrome, le viene de su infancia.
Dice que cuando era joven nunca logró cumplir su sueño de conocer a alguien “parecido a él", alguien “con un trabajo, una pareja, que dijera ‘eres capaz de esto’”.
Aquí abajo lo vemos con el bebé Bentley, quien sobrevivió a pesar de nacer con el cerebro fuera de su cráneo.



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Demostrar a estos niños que se puede llevar una vida normal con esta enfermedad le llevó a iniciar este inspirador proyecto.



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El objetivo de Jono es eliminar también los prejuicios en torno a esta enfermedad.





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Es un emotivo trabajo social que de seguro arroja un rayo de esperanza en el espíritu de estos niños.

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Un gran aplauso para este joven de 30 años, que no sólo ha logrado superar con creces las barreras que le imponía su enfermedad, sino que además está ayudando a tantos otros niños a no sentirse solos, a no sentirse menos que los demás.

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